“¡Este
es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo!”
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“Cristo
no subió a la cruz por nosotros,
ni la Virgen Santísima padeció gravísimos
dolores,
sólo para que podamos ser buenos cristianos,
sino para que seamos Santos”
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Monseñor
Lorenzo Esteva nació el 5 de abril de 1922 en Buenos Aires,
aunque pasó su niñez y adolescencia en la tierra
de sus padres, Concepción del Uruguay, en la provincia
de Entre Ríos. Llegado a esta capital para comenzar los
estudios universitarios, siente el llamado de Dios que le señala
otros caminos: el 26 de abril de 1943 ingresó al Seminario
Metropolitano, en cuya Iglesia recibió la ordenación
sacerdotal el 23 de septiembre de1950.
Durante once años el P. Esteva se desempeñó
como vicario parroquial en Ntra. Sra. de Balvanera. En Marzo de
1961 el P. Esteva fue designado como Director Espiritual de los
Teólogos, cargo que ejerció ininterrumpidamente
hasta su regreso a la Casa del Padre.
A partir de 1965 comienza la obra de renovación del Seminario
conforme a las directivas del Concilio Vaticano II, entre las
que merece señalarse el Instituto Vocacional San José,
creado en 1968. En medio de tantos cambios, la permanencia del
P. Esteva, gracias a la seguridad de su doctrina y su apertura
de espíritu frente a lo nuevo, fue una verdadera garantía
de renovación y continuidad.
A lo largo de cuarenta y cinco años Monseñor Esteva
se consagró de lleno al acompañamiento de los seminaristas
y a la promoción de las vocaciones. Al mismo tiempo, junto
con la incansable oración a San José de la Montaña
(cuya devoción pregono en el Seminario), no dejo de alentar
la preocupación de los párrocos y vicarios por las
nuevas vocaciones, aguardando con ansias la feliz noticia de algún
nuevo “confite”.
El 22 de diciembre del año 2006, el Señor, por el
cual trabajo incansablemente haciendo crecer las filas de jovenes
que quieran entregarse al pastoreo del Pueblo de Dios, lo llamo
a su lado. Desde el cielo, estamos seguros que sigue su labor
por las vocaciones, al lado de san José y la Virgen Santísima.
“El P. Esteva nos dejó como herencia a todos nosotros
sus ‘grandes amores’: nos enseñó a amar
a Cristo, a la Iglesia y al sacerdocio. Junto con ello, nos dio
un hermoso testimonio de amor a su familia: hermanos, sobrinos,
sobrinos nietos… Recojamos esa herencia y que desde el cielo,
junto al Señor, a la Santísima Virgen y a San José,
siga pidiendo para nosotros fidelidad en nuestra vocación
y abundantes y santas vocaciones para nuestra Iglesia” (de
la Misa exequial de Mons. Esteva).
¡Gracias Padre Esteva! Tu sacerdocio fue gloria para Dios
y para tus hijos, que tanto te debemos.
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