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Objetivos y actividades del Curso
El Instituto Vocacional comenzó en marzo de 1968. Surgió
como fruto de la reflexión de un grupo de sacerdotes que
en ese momento dirigían el Seminario Conciliar y
sintieron la responsabilidad de poner en práctica las
orientaciones generales del Concilio Vaticano II, en lo
que a la formación sacerdotal había señalado el Decreto
Conciliar Optatam Totius . Se pensó en un paso
previo al ingreso al Seminario Mayor, poniendo el acento
en dos criterios fundamentales: el discernimiento
vocacional de cada joven y el exclusivo carácter
propedéutico de un tiempo dedicado a la iniciación en
las cinco dimensiones de la formación. No se intentaba
suplir el vacío que había dejado el Seminario Menor,
sino en centrar la atención en disponer a los
candidatos, que provenían de distintos sectores
pastorales de la Iglesia diocesana, a una nueva vida.
Para esto se debía hacer un corte radical con lo
precedente y sumergirlos en un ambiente apropiado
durante un año lectivo, intenso, exclusivo y exigente,
donde los jóvenes experimentasen un clima de gracia, con
un adecuado acompañamiento personalizado en el ámbito
espiritual y humano.
Hoy podemos decir que lo que comenzó siendo una
experiencia está incorporado, actualmente, como
condición sine qua non para el ingreso al Seminario
Mayor. Esto se debe, fundamentalmente, al haberse
constatado, a lo largo de estos 35 años, los numerosos
frutos que se siguieron de este Curso Introductorio,
entre otros, veintiocho promociones de sacerdotes,
ex-alumnos de este Instituto Vocacional.
Las actividades que se desarrollan en el Curso
Introductorio se pueden agrupar según los objetivos de
las cinco dimensiones de la formación.
Por una parte, en la dimensión humana
, se busca iniciar un nuevo estilo de vida ,
que supone el camino hacia el sacerdocio.
Consecuentemente, al abandonar el anterior estilo de
vida laical, se genera una experiencia de corte.
Los jóvenes permanecen en el Instituto toda la
semana saliendo para visitar a sus familias sólo los
días domingo. Además, fruto de extensos y frecuentes
momentos de silencio y reflexión, comienzan a adquirir
un equilibrado conocimiento de sí mismo .
Por
otra parte, e n la dimensión comunitaria,
se inician los hábitos de convivencia
desde el ideal cristiano, en un clima de confianza y
transparencia. Actividades formativas grupales, trabajos
de mantenimiento en la casa y en el parque, actividades
deportivas y recreativas, así como frecuentes momentos
de encuentro, contribuyen a que los seminaristas tengan
una intensa vida comunitaria.
En
la dimensión espiritual , se
inicia un estilo de vida más religioso que tiene su
fuente y culmen en la
celebración cotidiana de la Eucaristía . Se inician en
el rezo de la Liturgia de las Horas y todos los días, al
atardecer, los jóvenes tienen un prolongado tiempo
dedicado a la oración personal. Charlas espirituales
frecuentes, retiros quincenales y ejercicios
espirituales de cinco días, hacen que todo el año sea
vivido con una intensa impronta espiritual.
En
la dimensión intelectual, se inicia la
maduración y nivelación de los hábitos de estudio
, sembrando inquietudes en torno al descubrimiento
del valor de la sabiduría humana y despertando el
interés por las Ciencias Sagradas mediante la
adquisición de los conocimientos básicos de la fe, en el
estudio y meditación del Catecismo de la Iglesia
Católica.
En
la dimensión pastoral , considerando
que durante este año no se realizan actividades
pastorales parroquiales, se inicia a los jóvenes en la
caridad pastoral realizando una vez por semana alguna
obra de misericordia y la atención de los indigentes que
a diario se acercan a solicitar comida.
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